Los naranjitos
Pakirrín, I Love You
Pakirrín
El natas toca suelo
OZOPARDO
J.R en el lío
Malísimas compañías
Antes de beber algo que trae eli, si la botella no tiene etiqueta, huélelo primero, porque nunca se sabe...
La última cena
SUPERMARTA
Martísima en la senda
Eli (sin bigote)
Juanito y Parrita (dulces besitos)
ey fer, no te enfades, todos nos gastamos bromas, jolín, quiero ver al fer del principio. TE QUEREMOS, OSTIA
LA ALTERNATIVA DE POLEÍTO
LA ALTERNATIVA DE POLEÍTO
Y cómo no le moló el plan, se marco una ruta super chula por La Calderona. Trialeras, subiditas, y le cundió para hacer etnografía. Aquí está su crónica.
Hoy he decidido salir en solitario, que no solo, pues me acompañan el sol, las nubes que amenazan lluvia, un fuerte viento, un intenso aroma a primavera y esa sensación de libertad que me provocan los grandes espacios abiertos. Es una ruta con muchos toques de romanticismo, de compartir leyendas y conversaciones con caminantes y otros amantes de la bicicleta de montaña. En definitiva es una salida diferente, pero gratificante.
El viento y la pendiente se encargan de recordarme a cada pedalada que mi estado de forma es… lamentable . Subo por la “larga” y cuando llego al primer descanso, me encaramo hasta la caseta que marca el inicio de la trialera que finaliza en la misma puerta de la Cartuja de Porta Coeli. Antes de lanzarme por ella tomo unas fotografías y alguien me relata la “Leyenda de los amantes de Porta Coeli”. Tomo aire, respiro profundamente y me deslizo con decisión y firmeza por la estrecha senda. Al pasar bajo el viaducto de la Cartuja, vienen a mi cabeza los recuerdos de Ricardo y Ormesinda, jóvenes protagonistas de la leyenda de trágico final.
Me tomo con mucha calma el ascenso hasta el Coll de la Moreria, deteniéndome varias veces para recuperar el aliento y disfrutar de las vistas. Desde aquí la ruta me da un respiro hasta la Font del Poll, que dejo a un lado y continúo hasta el Coll de Rebalsadors, el terreno sigue picando para arriba y el viento de cara me azota con fuerza como si no fuese bienvenido. Una vez arriba decido acercarme a ver la Nevera del Ventisquer, que tantas veces hemos rozado y nunca hemos visto. Unas fotos y sigo camino hacia el Mirador de Rebalsadors; aquí el viento es insoportable y unos nubarrones negros cargados de agua, dan un toque misterioso y mágico al entorno. De nuevo más fotos e intercambio de opiniones con algún senderista de avanzada edad. Nos resguardamos de las inclemencias meteorológicas en los pequeños refugios que hay bajo los balcones, una barrita, unas galletas y un poco de fuet que compartimos “mi amigo senderista” y yo. Aquí arriba vienen a mi cabeza recuerdos de muchas personas, amigos, vivencias, y mis habituales compañeros de pedaladas, que hoy estarán rodando por los senderos de Utiel. En ningún momento los envidio y, me siento muy bien con la decisión de salir en solitario hoy. Me despido de mi compañero de almuerzo y charla con una mueca sonriente y un guiño de complicidad y ambos nos deseamos buen camino. Se hace el silencio, roto únicamente por el silbido del viento, me pongo las protecciones, miro al frente y cuando quiero darme cuenta ya estoy sorteando las primeras piedras y bloques sueltos de la trialera de Rebalsadors. Bajo decidido, con precaución, pero me siento cómodo sobre mi bici, mientras me digo a mi mismo “por las losas de piedra Poleito” afronto una curva un poco “pasado” y sin tiempo de reaccionar veo que he salido airoso de la situación, ufff, respiro hondo y, cuando vuelvo a mirar al frente, ya estoy metido de lleno en un tramo técnico y complicado, en un intento desesperado de meter la rueda delantera por la mejor trazada abuso del freno delantero y acto seguido aterrizo sobre un colchón de rocas calizas tapizadas de aliagas, romeros, tomillos y carrascas. La situación es cómica, mi bici por un lado, yo por otro y mientras me incorporo me entra una risa tonta, supongo que debido al incidente que, por suerte sin consecuencias, acabo de sufrir.
El descenso prosigue y pronto me encuentro en el Coll Blanc, ya por pista sigo bajando hasta la Font de Potrillos, y unos metros más adelante tomo un desvío para volver a disfrutar sorteando con habilidad los obstáculos que la naturaleza ha dejado en esta trialera. La ruta de hoy va llegando a su fin, pero antes me acerco hasta el Mirador de la Pedrera, y desde este privilegiado enclave tomo más fotografías de la Cartuja y del Valle de Llullén.
El sol está en lo alto y juega al escondite con las nubes y en ese preciso instante empiezan a caer las primeras gotas de lluvia, rodando por sendero y pista, bajo una fina cortina de lluvia azotada por el viento, llego hasta el coche con una sonrisa y el buen sabor de boca que me ha dejado esta salida.
El viento y la pendiente se encargan de recordarme a cada pedalada que mi estado de forma es… lamentable . Subo por la “larga” y cuando llego al primer descanso, me encaramo hasta la caseta que marca el inicio de la trialera que finaliza en la misma puerta de la Cartuja de Porta Coeli. Antes de lanzarme por ella tomo unas fotografías y alguien me relata la “Leyenda de los amantes de Porta Coeli”. Tomo aire, respiro profundamente y me deslizo con decisión y firmeza por la estrecha senda. Al pasar bajo el viaducto de la Cartuja, vienen a mi cabeza los recuerdos de Ricardo y Ormesinda, jóvenes protagonistas de la leyenda de trágico final.
Me tomo con mucha calma el ascenso hasta el Coll de la Moreria, deteniéndome varias veces para recuperar el aliento y disfrutar de las vistas. Desde aquí la ruta me da un respiro hasta la Font del Poll, que dejo a un lado y continúo hasta el Coll de Rebalsadors, el terreno sigue picando para arriba y el viento de cara me azota con fuerza como si no fuese bienvenido. Una vez arriba decido acercarme a ver la Nevera del Ventisquer, que tantas veces hemos rozado y nunca hemos visto. Unas fotos y sigo camino hacia el Mirador de Rebalsadors; aquí el viento es insoportable y unos nubarrones negros cargados de agua, dan un toque misterioso y mágico al entorno. De nuevo más fotos e intercambio de opiniones con algún senderista de avanzada edad. Nos resguardamos de las inclemencias meteorológicas en los pequeños refugios que hay bajo los balcones, una barrita, unas galletas y un poco de fuet que compartimos “mi amigo senderista” y yo. Aquí arriba vienen a mi cabeza recuerdos de muchas personas, amigos, vivencias, y mis habituales compañeros de pedaladas, que hoy estarán rodando por los senderos de Utiel. En ningún momento los envidio y, me siento muy bien con la decisión de salir en solitario hoy. Me despido de mi compañero de almuerzo y charla con una mueca sonriente y un guiño de complicidad y ambos nos deseamos buen camino. Se hace el silencio, roto únicamente por el silbido del viento, me pongo las protecciones, miro al frente y cuando quiero darme cuenta ya estoy sorteando las primeras piedras y bloques sueltos de la trialera de Rebalsadors. Bajo decidido, con precaución, pero me siento cómodo sobre mi bici, mientras me digo a mi mismo “por las losas de piedra Poleito” afronto una curva un poco “pasado” y sin tiempo de reaccionar veo que he salido airoso de la situación, ufff, respiro hondo y, cuando vuelvo a mirar al frente, ya estoy metido de lleno en un tramo técnico y complicado, en un intento desesperado de meter la rueda delantera por la mejor trazada abuso del freno delantero y acto seguido aterrizo sobre un colchón de rocas calizas tapizadas de aliagas, romeros, tomillos y carrascas. La situación es cómica, mi bici por un lado, yo por otro y mientras me incorporo me entra una risa tonta, supongo que debido al incidente que, por suerte sin consecuencias, acabo de sufrir.
El descenso prosigue y pronto me encuentro en el Coll Blanc, ya por pista sigo bajando hasta la Font de Potrillos, y unos metros más adelante tomo un desvío para volver a disfrutar sorteando con habilidad los obstáculos que la naturaleza ha dejado en esta trialera. La ruta de hoy va llegando a su fin, pero antes me acerco hasta el Mirador de la Pedrera, y desde este privilegiado enclave tomo más fotografías de la Cartuja y del Valle de Llullén.
El sol está en lo alto y juega al escondite con las nubes y en ese preciso instante empiezan a caer las primeras gotas de lluvia, rodando por sendero y pista, bajo una fina cortina de lluvia azotada por el viento, llego hasta el coche con una sonrisa y el buen sabor de boca que me ha dejado esta salida.
José A. Romero "Poleito" 19/04/08
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